Un punto plano

Algunas óperas resisten mal las versiones de concierto.

Se vio hace dos años, sobre el mismo escenario, The Fairy Queen en versión semiescenificada. Y asistimos allí a un buen surtido de los caprichos con que ciertos directores de escena revisten las óperas: un hada, por ejemplo, quedó convertida en dependienta sin venir a cuento, mientras que Febo -el Sol- apareció como empleado de banca. Este sábado, por el contrario –y también con una obra de Purcell-, se experimentó [en el Palau de la Música, Valencia] la otra cara de la moneda: ausencia total de escena en una ópera, como corresponde, por otra parte, a las llamadas “versiones de concierto”, King Arthur en este caso. Tratándose de una “semiópera”, las carencias se notaron aún más. Es este un género que incorpora elementos de las antiguas masques y combina el teatro hablado con el musical. El primero queda reservado a los personajes principales, mientras que el canto se destina a los secundarios, seres fantásticos o mitológicos en su mayoría. Para acabarlo de complicar, las partes con música instrumental o cantada se intercalaban, en el XVII, entre los actos de la obra de teatro hablada, teniendo con ellos una relación puramente alegórica y escasamente argumental. (…)

El País | Rosa Solà –LEER AQUI LA NOTICIA DE MUSICA / COMUNIDAD VALENCIANA

Noticia seleccionada por AMADEUS LIBRERIA DE MUSICA

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